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Flops: algunos fracasos
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May
DJ Harlequin - 15/05/2009

El término "Flops" significa "Floating point Operations per Second" y se utiliza como medición del rendimiento de un equipo informático, pero también es el sonido de algo que cae desde lo alto, aunque aplicado a las promociones y lanzamiento de los que se espera éxito y acaba en un fracaso comercial. A veces esto causa estupor en los consumidores, puesto que siempre hay alguno que ha salido beneficiado por su adquisición, pero tal y como dice un dicho vulcaniano: "El interés de la mayoría, supera al de la minoría".
Hay muchos ejemplos, como el caso del "Efecto 2000", una especie de apocalipsis que nunca llegó. Ya estábamos avisados desde hace años que ningún ordenador ni aplicación electrónica, cuando no el 90% de los mismos, estaba preparado para aceptar el siglo XXI, instalándose en el año 1900. Pérdidas de memoria generales, desprogramación de los equipos informáticos, cajeros con malfuncionamiento, las cartillas con las operaciones en el mencionado 1900, los mismísimos frigoríficos o las infraestructuras ferroviarias e incluso los aviones. Parecía una especie de "Armaggedon" que finalmente acabó en nada... excepto para Homer Simpson, que se encontraba en la nuclear de Springfield, y para Krusty, el payaso, al que hizo fallar el marcapasos. Pero, como digo, nada de nada. Todo funcionaba mágicamente tras las doce de la noche del 31 de diciembre de 1999.
Ahí nos quedó el "triquini", de Armani, esa especie de bañador en la línea de "Dinastía", que iba a sustituir al biquini. Una especie del antaño sujetador "Cruzado mágico", pero más evolucionado y que pasó sin pena ni gloria por el sexo femenino. También se quedó en el camino la chancleta con tacón, hechas por Havaianas y que intentó triunfar más todavía después de la anterior. Se colaron las botas cowboy en julio y las rebecas a la primera costilla, y lo único que se lleva es la moda de chancletas hasta para conducir o ir vía peatón en Metro, para pasear por el centro de las ciudades y alguno/a arriesgándose a que frente a una mínima carrerita se esmorre contra el suelo. A veces se impone el sentido común, pero a veces se impone el sinsentido y la imprudencia. Como dijo Mendizábal: los españoles son ingobernables. Ahí tuvimos la página "Pets.com", dedicada a la venta de productos para mascotas, que no duró ni medio año. O los donut sin agujero, conocidos como American Donut. La publicidad vendía que, por el mismo precio, teníamos más producto, es decir, sólo el que ocupaba el agujero. En definitiva: que era un bollo relleno, pero poca gente lo acabó de entender. Desapareció, aunque de la mano de la cadena de tiendas Dunkin Donut ha resucitado con otra cara, además de poder disfrutarlo en los viajes AVE de la Renfe. También recordamos a los Furbys, aquellos peluches que parecían un plagio de los Gremlins y que nos hablaban. Incluso en 1999, Vale Music sacó un recopilatorio dedicado a ellos, el "Furby Mix", que encima ni era mix ni megamix. Hoy sobreviven en alguna tienda de juguetes como stock de almacén, pero no terminaron de triunfar.
Pero enfocando dichos flops a lo que realmente nos interesa, esto es, la música y la tecnología, uno de los mejores ejemplos fue el Teletrébol, aquella televisión interactiva que resultó un fraude. Recordamos a Laura Valenzuela explicando sus bondades en la era de las Mama Chicho (aquellas caribeñas que también promocionaban el inexistente Cacao Maravillao), aquel mando a distancia sucedáneo del que manejábamos con el Teletexto, con botoncitos de colores y letras o números en los mismos. Decimos "fraude" con todas las de la ley, puesto que los hechos están ahí. Un telespectador participó vía Teletrébol en un concurso del programa "Querida Concha", de Telecinco. Como premio ganó un cochazo, pero no le fue entregado. Demandó a todas las entidades que habían participado en la organización y emisión del concurso, y finalmente, la Audiencia Provincial de Asturias empapeló a todos. Y el Teletrébol, ya cojo, pasó a mejor vida.

Otro de los casos más sonados fue el del Cherry Coke, afectando a un gigante como Coca Cola. En los años 90 apareció este refresco con sabor a cereza. Anuncios por doquier, distribución bestial y un tema musical que fue lo único que tuvo éxito y titulado "No hagas el indio, haz el cherokke", pinchado en las discotecas y mezclado por los Dj´s y megamixers hasta la saciedad. También tuvimos otra bebida como X-plosive, que acabó incluso como recopilatorio dance de la mano de la multinacional Arcade y mezclado por Asap y Pedro del Moral. ¿Alguien se acuerda de esa portada negra con una modelo sentada y echada hacia atrás, además de la coletilla "El primer megamix inteligente"? Pasó a mejor vida con sólo 2 meses.
Pero tampoco fue menos el fracaso del vídeo Betamax, donde podíamos grabar desde películas, programas y nuestros vídeos musicales favoritos. Este fue uno de los primeros flops y por ello es más recordado. El sistema creado por Sony ofrecía más ventajas, VHS era más pequeño y tenía mejor calidad de imagen, pero no fue suficiente para sobrevivir. En 1988, Sony claudicó y se dedicó al segundo formato, y los que tenían adquiridos Betamax, a pagar otra vez, tanto por uno nuevo como por un vídeo que soportaba ambos para recuperar las viejas grabaciones.
Puestos y metidos ya de lleno en la tecnología, con la mosca detrás de la oreja por el futuro del Dvd o el Cd gracias al BluRay, nos trasladamos al querido Minidisc, una especie de enfermo terminal que también nació de la mano de Sony en 1991. Algún periodista todavía lo utiliza para grabar entrevistas y fue pensado para sustituir a los viejos casetes analógicos, pero sólo entusiasmó en Japón. Hoy sólo nos queda de recuerdo un formato que sobrevive a duras penas: los Cd´s y Dvd´s de 8 cm, con una menor capacidad que el formato standar. El Cd con unos nada despreciables 185 Mb y el Dvd con casi 3 Gb de capacidad. Pero resulta sorprendente que muchos todavía no sepan que los actuales lectores y software de grabación pueden trabajar con ellos sin problemas, no en vano la bandeja tiene esa hendidura para este formato.
Pero el auténtico Betamax de la era digital fue el conocido Laser Disc, Era casi tan grande como un vinilo y un predecesor del Dvd. Lo malo es que era caro y poco manejable. En la era de la miniaturización, poco futuro podía tener este armatoste creado por Philips. Encima, el reproductor era poco silencioso y en cada cara cabía como mucho una hora de vídeo, con lo que a media película uno se tenía que levantar del sofá y darle la vuelta. Lo bueno es que el Laser Disc solucionaba muchos de los problemas del VHS: la calidad de sonido pasaba a ser brutal, los discos eran duraderos al no haber contacto con los cabezales y ofrecía acceso directo a las diferentes secciones de la película. Por ello no fue un flop en países como Japón y Estados Unidos.
Habría muchos más ejemplos para exponer aquí, pero acabaré con el Mega Cd, es decir: diversión cero patatero. Fue en los años 90 cuando el mercado de los videojuegos estaba de lo más movidito. Fruto de al competencia entre Sega y Nintendo, vio la luz este engendro. La Mega Drive de Sega había quedado un poco desfasada con la aparición de Super Nintendo, así que alguien se sacó de la chistera esta ampliación de la consola original que en vez de cartuchos utilizaba ¡Cd´s!. Desde luego, gran idea. Lo malo es que los juegos parecían simples películas poco interactivas. Los usuarios acabaron por darle al espalda.

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