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¿Cómo se cocina un éxito? (2ª parte)
29
Ago
DJ Harlequin - 29/08/2011

En la anterior entrega analizamos los mecanismos básicos que se utilizan, pero también hay que sortear dificultades, en ocasiones auténticos muros infranqueables. Y como os decimos, es aplicable tanto a un superventas como un megamix.
En el primer caso, podemos encontrarnos con una de tantas revisiones de temas que sonaron hace años, tanto de la etapa ochentera como incluso de los 60 (ej. reciente Yolanda be Cool & DCUP con su "We no speak americano"), es decir, que la composición no pertenece al artista y es necesario el permiso de su autor original. Las licencias son un caballo de batalla y en ocasiones auténticos morlacos para lidiar, y eso lo saben bien los megamixers que se han encontrado en más de una ocasión con el trabajo prácticamente terminado y la comunicación de que la licencia ha sido anulada, debiendo suprimir el tema utilizado. Casos de estos los hemos tenido, por ejemplo, en el "NRG4YOU" (Mike Platinas) el "Spaguetti Mix", "Bombazo Mix" o "Lo + duro 4" (T. Peret & José Mª Castells), que en los últimos logró solventarse gracias a Koka Music, el subsello de Max Music.
Segundo problema: la licencia no permite fragmentación, ya que se exige que el tema suene íntegro. Por ello, más de uno habrá advertido que en algunos recopilatorios con megamix, en la compilación de los temas aparece uno que no alcanzamos a escuchar en el megamix. ¿Olvido? Evidentemente, no.
Tercer problema: el tema puede utilizarse en el megamix, pero sin fragmentar. Ante esto, la compañía discográfica autorizada está en un dilema: la parte buena es que un temazo sonará mezclado; la mala es que el montaje perderá calidad. Siguiendo con ejemplos de megamixes conocidos, lo encontramos en el Bombazo Mix con el cover de Mark Walker con "Scatman", que suena casi en su totalidad sin modificar absolutamente nada. El resultado no fue bueno, ya que no se consiguió el tema original y la inclusión del cover con esa restricción desvirtuó el trabajo final.
El prestigio se gana luchando, y aunque inevitablemente, algún artista titule su tema como crea apropiado, puede encontrarse con que ya existen muchos igual. Esto puede parecer algo menor, pero hay casos en el mundo de la música con demandas e indemnizaciones millonarias sólo por eso. En el mundo del megamix, todos recordamos el conflicto que surgió en 1996 entre Blanco y Negro y Max Music con el "Rambo Mix" y el "Rambo Total". La denuncia ni siquiera surgió por el título, sino por el actor y cómico Santiago Urrialde, que imitaba en TV al actor Sylvester Stallone en su papel cinematográfico de Rambo. Dado que fue contratado temporalmente por Max Music para aportar su voz e imagen (posteriormente lo hizo en "Lo + Duro 5"), sólo esta compañía tenía esa exclusiva. Intencionadamente o no, Blanco y Negro utilizó a otro actor para su trabajo, que también buscaba el reclamo de la interpretación del anterior y utilizó el nombre "Rambo", de ahí el rifirafe. Ganó Max Music y el otro trabajo tuvo que retirarse de las tiendas de discos, pero ya era tarde porque estaba muy distribuido. ¿Quién ganó realmente? ¿fue todo una estrategia perfectamente calculada? A los hechos nos remitimos: el "Rambo Total" ganó en prestigio (a Max Music le faltó tiempo para añadir en un lateral de la portada aquel "rechaza imitaciones") por utilizar al actor que lo imitaba. Pero el "Rambo Mix", mezclado por Quim Quer y Jordi Luque, se convirtió para los amantes de los megamixes en pieza de coleccionista.
Como vemos, la prudencia a la hora de lanzar al mercado cualquier trabajo discográfico debe ser máxima, aunque también hay "tácticas de combate" para sortear algunos de estos baches, pero entraríamos en la intrahistoria del montaje de audio en cuestión. Voces de políticos, de futbolistas, de todo tipo de famosos, celebridades e incluso de músicos y vocalistas, se han utilizado en todo tipo de canciones y, por supuesto, megamixes, donde aparecen irreconocibles o distorsionadas. Aunque la respuesta a ello podrían darla los propios creadores, podemos acudir a megamixes de factura italiana dedicados al techno, donde samples del Papa Juan Pablo II abundaron y se reprodujeron como hongos. Otro buen ejemplo lo encontramos modificando la velocidad de voz de la australiana Kylie Minogue y el británico George Michael: son prácticamente la misma y con el efecto bien aplicado puede ser complicado reconocer a uno del otro.
Retorciendo aún más estas estrategias y aplicándolas a lo que es un éxito comercial, podemos aportar otros dos ejemplos pertenecientes a los años 80: el "Pump up the volume" de M.A.R.S.S. y el "Theme from S-Express" (1987 - 1988), ambos con un impresionante número de mashups y samples extraídos de otros temas musicales, algunos muy antiguos. Sin ánimo de extendernos mucho más, sirva que en el primero encontramos extractos de Montana Sextet, The JB´s, Trouble Funk, Wattstax the soul children e incluso de James Brown, entre otros muchos. Dieron a luz lo que en apariencia era un tema nuevo y de hecho, hay partes originales, pero las que menos. El resultado es conocido: primeros puestos en las radiofórmulas, aparición en un incontable número de recopilatorios y megamixes. Una fórmula para crear temas que todavía perduró hasta finales de la década con la llegada de la música acid.
Evidentemente, en la historia de la música dance y los éxitos musicales existen las partes oscuras, métodos lamentables de conseguir el éxito. En los años 80, C.C. Catch (todavía en activo), fue duramente criticada por varios sectores musicales acusándola de utilizar en sus temas las bases rítmicas tan personales del dúo Modern Talking. Claro que no faltaban los que aseguraban justo lo contrario: que los segundos copiaron a la primera. Otro caso lamentable fue con Milli Vanilli, el dúo que formaron Fabrice Morvan y Rob Pilatus y que se iniciaron siendo bailarines de la italiana Sabrina Salerno. Su éxito comenzó en 1988 de la mano del productor Frank Farian con el álbum "All or nothing" y continuó creciendo hasta que durante un concierto en Bristol el playback les jugó una mala pasada y comenzaron las sospechas, lo que no evitó que recibieran un Grammy grupo revelación de 1990. Finalmente se supo que no eran más que la imagen y que toda su música era pregrabada para las giras y conciertos. El premio les fue retirado y de nada sirvió que dos años después intentasen relanzar su carrera, ahora sí, cantando ellos mismos sus propias canciones: la confianza se había perdido y fue un fracaso.
Los más veteranos amantes de la música recordaran esta lamentable etapa, pero el mundo de la música siempre ha dependido de nosotros, que somos los que apoyamos o retiramos la confianza al artista o grupo. Y es que, hablando de confianza, también existen casos sorprendentes donde se ha perdonado la mala maniobra con tal de conseguir un éxito discográfico. Para ello podemos remontarnos a los años 70 y recordar a un grupo que siempre fue muy querido en España: los antillanos Boney M., también apadrinados por Farian. Compuestos por Liz Mitchell, la modelo Maizie Williams, Marcia Barret y Bobby Farrell (fallecido este año en San Petersburgo), si bien ellas cantabas con su voz, Farrell sólo aportó su hipnótico baile e imitaba la voz de Farian, previamente grabada en estudio. Sólo se le permitió cantar en el tema "Train to Skaville", perteneciente al álbum "Booonooonooonooos", pero no era ningún secreto el pacto con su productor. Continuaríamos con más casos, como La Bouche (¿recordáis "Sweet dreams", de los años 90?), No Mercy, Meat Loaf o Silver Convention (los veteranos recordarán el clásico "Fly, Robyn, Fly"), pero creemos que estos dos ejemplos son suficientemente explícitos.

Continuará...

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